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El Sagrado Corazón de Jesús

Redemptoris Custos

En Redemptoris Custos el Sagrado Corazón de Jesús es la fuente de nuestra oración, misión y vida fraterna. Decía Santa Teresa, definiendo la oración: “Orar es tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”, aquel que nos ama tiene el corazón abierto y a todos nos dice:

“Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” (Mt 11,28-30)

Contemplando su corazón traspasado podemos decir como Jesús:

“Fuego he venido a prender a la tierra y cuánto deseo que ya este ardiendo” (Lc 12,49)

y con el apóstol Pablo:

“Nos apremia el amor de Cristo” (2Cor 5,14)

Queremos decirle a cada hermano, con gestos y palabras, que es amado y que hay un corazón vivo que le espera y que sólo en ese amor encontrará felicidad y salvación.

En nuestra misión queremos ofrecer el amor del corazón de Cristo,

“ese que es paciente, es bondadoso; amor que no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso; amor que no se comporta con rudeza, que no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. Amor que no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Amor que todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.“ (1Cor 13,4-7)

Queremos que a todos los hermanos llegue aquel grito de Cristo:

“El que tenga sed que venga a mí y beba”. (Jn: 7, 37-38)

Todos los hombres del mundo entero necesitamos del amor para vivir, como del aire para respirar y no hay amor más limpio, fiel y eterno que aquel que brota del corazón de Jesús.

San José y María son las personas que mejor conocen el corazón de Jesús y por eso nos enseñan a experimentar, conocer y custodiar ese amor para darlo y enseñar a custodiarlo a los hermanos.

El anuncio del Kerigma sólo puede ser anunciado por hombres y mujeres que conozcan muy bien el corazón de Jesús y que digan como los apóstoles:

”No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hech. 4,20)

Deseamos el reinando de su corazón en nuestras vidas y en el mundo entero.

Oración

“Por eso doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, para que os conceda, según la riqueza de su gloria, que seáis fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios.

A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de loque podemos pedir o  pensar, conforme al poder que actúa en nosotros, a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos”. 

Amén.

(Ef. 3,14-21)