Santa María del Perpetuo Socorro

Redemptoris Custos
«Ahí tienes a tu madre»
(Jn. 19, 27)

Como San José vivimos la alegría de recibir a María en nuestras vidas (Mt. 1, 20), en nuestra comunidad, en nuestro apostolado. Vivimos siempre bajo la protección y el cuidado de nuestra Madre, en su  advocación del «Perpetuo Socorro».

Con ella, que lleva al Redentor en sus brazos, y con san José, su esposo, queremos vivir anunciando con toda la Iglesia el Kerigma; con la compañía de la sagrada familia queremos decirle a nuestro mundo que en Jesucristo muerto y resucitado hay vida eterna para todos los hombres y mujeres de la tierra.

San José custodia en Redemptoris Custos el amor a María; de él aprendemos a quererla y a descubrirla presente en todos los momentos de nuestra vida. Con la ayuda de San José vivimos  una consagración afectiva y efectiva a María; a él le pedimos que nos enseñe a vivir con una confianza infinita en el Perpetuo Socorro de María.

La presencia de María va configurando a Redemptoris Custos; es Ella la que nos contagia su amor misericordioso que todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1Cor. 13, 7-13). Con su compañía y ayuda aprenderemos a perdonarnos «setenta veces siete» (Mt. 18, 22) y a no dar a nadie nunca por perdido.

Desde la contemplación del icono del Perpetuo Socorro pedimos a María que nos ayude a vivir bajo su mirada misericordiosa; que nos de la sabiduría divina para evangelizar a nuestro mundo. Ella, que como trono de la sabiduría sostiene en su brazo a Jesús que es la sabiduría misma; que toda nuestra vida esté desposada con Cristo crucificado (Gál. 6, 14); que sea Ella la que nos enseñe a vivir en el corazón traspasado de su Hijo y a ser respuesta al grito de «TENGO SED» (Jn. 19, 28) que Él nos dirige.

A María la Madre misionera, la Estrella de la Nueva Evangelización, nos confiamos esperando de Ella toda la ayuda espiritual y material para llevar el Evangelio a todos los rincones de la tierra. Queremos vivir la evangelización desde el corazón materno y misericordioso de María.

Los miembros de Redemptoris Custos asumimos el gozoso compromiso de rezar el Santo Rosario. En esta sencilla, eficaz y profunda oración aprendemos de María y San José a custodiar en nosotros y en nuestros hermanos la gracia bautismal.

Nos llena de confianza  y paz el saber que la Reina de cielos y tierra es la esposa de San José y que es Ella quién se hace cargo de los asuntos de su marido. Con la ayuda de San Juan Pablo II le decimos a María:

«Madre, Redemptoris Custos es TOTUS TUUS«

Oración

Oh, Dios,
que por la Concepción Inmaculada de la Virgen
preparaste a tu Hijo una digna morada
y, en previsión de la muerte de tu Hijo,
la preservaste de todo pecado,
concédenos, por su intercesión,
llegar a ti limpios de todas nuestras culpas.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén

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