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Ite ad Joseph

Redemptoris CustosSan José es el hombre de confianza de la Santísima Trinidad y de nuestra Madre la Virgen María; el hombre de confianza de la Iglesia universal y por eso hemos llamamos este espacio:

«Ite ad Joseph» (Gen. 41,55),

mandato que da en el Antiguo Testamento el faraón al pueblo de Israel con respecto a José el hijo de Jacob.

En el Nuevo Testamento nos encontramos con el otro José, el esposo de María y padre de Jesucristo aquí en la tierra, también se nos dice a nosotros «Ite ad Joseph» (Gen 41,55), Id a José.

Decía Santa Teresa de Jesús:

«Y tomé por abogado y señor al glorioso San José y me encomendé mucho a él. Vi claro que, tanto de esta necesidad como de otras mayores, de perder la fama y el alma, este padre y señor mío me libró mejor de lo que yo lo sabía pedir. No me acuerdo hasta hoy de haberle suplicado nada que no me lo haya concedido.

Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, y de los peligros de que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece que les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; pero a este glorioso santo tengo experiencia de que socorre en todas, y quiere el Señor darnos a entender, que así como le estuvo sometido en la tierra, pues como tenía nombre de padre, siendo custodio, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide»

(Libro de la Vida 6,6).

Dice la Palabra de Dios:

«Quién inició en vosotros la obra buena, la llevará hasta el final» (Fl 1,6);

confiando en esta promesa de Dios miramos a San José, creyendo que por su medio, y el perpetuo socorro de nuestra Madre la Virgen María, Dios irá llevando la obra buena comenzada en cada cristiano en el momento de su bautismo. También nos llena de una humilde y audaz confianza el saber que Dios por medio de San José llevará hasta el final la obra buena comenzada en Redemptoris Custos.

En este apartado queremos ir compartiendo todo aquello que de San José se va conociendo y profundizando en la Iglesia y que nos puede dar luz en esta maravillosa misión de anunciar el Kerigma por toda la tierra, es decir, llevar a todos los hombres el anuncio de la buena noticia de que en Cristo Dios nos perdona el pecado y nos da vida eterna por medio de su muerte y resurrección.

Oración

“San José, fiel Custodio de Jesús y de María;
Humilde colaborador de la Santísima Trinidad”,
ayúdanos a:

Cuidar la fe, la esperanza
Y la caridad en nuestro corazón.

Cuidar el don del Bautismo y a nuestro
cuerpo como templo de Dios.
Cuidar con ternura y esmero
a nuestros familiares y amigos.
Cuidar a los niños, los ancianos,
los pobres y a la creación.
Cuidar el silencio, la paz, la paciencia y
el buen humor en nuestro interior.
Cuidar el estudio y el trabajo
como dones de Dios.
Cuidar en la Iglesia nuestra Madre,
a misericordia, la unidad y la misión. Amén.

“Redemptoris Custos”