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Formación Kerigmática

Redemptoris Custos

En el mandato misionero el Señor Jesús dijo:

«Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt. 28,19-20).

Lo que el Señor nos ha enseñado y mandado ha llegado hasta nosotros por medio de la Iglesia nuestra madre y de una forma tan concreta como es el Catecismo de la Iglesia Católica.

En Redemptoris Custos optamos por el catecismo de la Iglesia Católica como medio y método fundamental para la formación de los discípulos del Señor. Creemos que es esencial para vivir y anunciar la fe una buena formación y no cualquier clase de formación sino aquella que nuestra madre la Iglesia quiere para todos sus hijos. Desde nuestras limitaciones y pobrezas, personales y comunitarias, no escatimamos esfuerzos en ofrecer una formación en la fe. Queremos que no sea una formación para acumular conocimientos, sino que nos ayude para ser verdaderos discípulos de Jesús en medio de nuestro mundo y que haga de todos nosotros anunciadores del Kerigma. Una buena formación asimilada desde la fe y la oración que dé como fruto el que seamos formadores de discípulos del Señor.

Como hemos comentado en otro apartado, San Juan Pablo II escribió la exhortación Redemptoris Custos y de él sentimos una especial protección en nuestro caminar para hacer vida la exhortación. También fue él quien aprobó la edición latina del Catecismo de la Iglesia Católica, por eso sentimos como una gracia especial del cielo, dada por medio de San Juan Pablo II,  el tener tanta claridad  en que es el Catecismo de la Iglesia Católica la base fundamental en la cual nos queremos apoyar para  formar a los discípulos del Señor. Dice San Juan Pablo II:

Es motivo de gran alegría la publicación de la edición típica latina del Catecismo de la Iglesia Católica, que apruebo.

La Iglesia dispone ahora de esta nueva exposición autorizada de la única y perenne fe apostólica, que servirá de «instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial» y de «regla segura para la enseñanza de la fe».

Quiera Dios que, gracias al compromiso concorde y complementario de todos los sectores que componen el Pueblo de Dios, el Catecismo sea conocido y aceptado por todos, para que se fortalezca y se propague hasta los confines del mundo la unidad en la fe que tiene su modelo y principio supremo en la unidad trinitaria.

 (Carta Apostólica  Laetamur Magnopere).

Con la ayuda de Jesús, María y San José intentamos poner todo de nuestra parte para que nuestros hermanos reciban la formación que la Iglesia nuestra madre les quiere dar. Es nuestro deseo que el mayor número de hermanos puedan recibir en esta formación Kerigmática el tesoro tan grande que es el Catecismo de la Iglesia Católica. Decía San Jerónimo refiriéndose a las Sagradas Escrituras: “Desconocer las Escrituras es equivalente a desconocer a Cristo”, esto mismo lo podemos aplicar al Catecismo de la Iglesia Católica.

En Redemptoris Custos nos sentimos responsables de que el mayor número de hermanos pueda conocer y dar a conocer la fe tal y como la Iglesia la propone. La falta de formación es una de las causas por las que muchos hombre y mujeres han abandonado la fe; no se puede amar lo que no se conoce. Uno de los retos que tenemos los cristianos delante del ateísmo actual es, como dice el apóstol San Pedro:

«Saber dar razón de nuestra esperanza» (1Ped. 3,15).

Para Redemptoris Custos la gran obra de amor y de misericordia es dedicar todo el tiempo posible a dar a conocer el Catecismo de la Iglesia Católica, para que nuestros hermanos tengan una fe formada y que esta formación les lleve a vivir y anunciar el evangelio. A todos aquellos que sientan sed de conocer, vivir y anunciar su fe, les decimos que desde Redemptoris Custos humildemente intentamos saciar en nosotros y en los demás esa sed, bebiendo en las fuentes de nuestra madre la Iglesia.

«TODAS MIS FUENTES ESTÁN EN TÍ» (Sal. 87,7)

Oración

Creo en un solo Dios, 
Padre todopoderoso, 
Creador del cielo y de la tierra, 
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, 
Hijo único de Dios, 
nacido del Padre antes de todos los siglos: 
Dios de Dios, 
Luz de Luz, 
Dios verdadero de Dios verdadero, 
engendrado, no creado, 
de la misma naturaleza del Padre, 
por quien todo fue hecho; 
que por nosotros lo hombres, 
y por nuestra salvación 
bajó del cielo, 
y por obra del Espíritu Santo 
se encarnó de María, la Virgen, 
y se hizo hombre; 
y por nuestra causa fue crucificado 
en tiempos de Poncio Pilato; 
padeció y fue sepultado, 
y resucitó al tercer día, según las Escrituras, 
y subió al cielo, 
y está sentado a la derecha del Padre; 
y de nuevo vendrá con gloria 
para juzgar a vivos y muertos, 
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, 
Señor y dador de vida, 
que procede del Padre y del Hijo, 
que con el Padre y el Hijo 
recibe una misma adoración y gloria, 
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, 
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo 
para el perdón de los pecados. 
Espero la resurrección de los muertos 
y la vida del mundo futuro. 
Amén.