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San Miguel Arcángel

Redemptoris Custos

«Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron con el dragón. También el dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua, el llamado diablo y satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él.» 
(Ap. 12, 7-9)

De San José conocemos su familiaridad con los ángeles: es un ángel quien le aclara el misterio de la virginidad de María (Mt. 1, 20), es un ángel quien le avisa para que huya a Egipto (Mt. 2, 13), es un ángel quien le dice que vaya a Nazaret (Mt. 2, 22).

En Redemptoris Custos nos unimos a la Iglesia en su fe en los ángeles; de una forma muy especial al arcángel San Miguel.

Queremos vivir y anunciar la grandeza de nuestro bautismo, queremos vivir y anunciar esta maravillosa noticia del Kerigma, Jesucristo el Hijo de Dios ha muerto y resucitado para perdonarlos los pecados y darnos vida eterna. Pero sabemos que el diablo lo que quiere es que permanezcamos en silencio e indiferentes con respecto a la salvación propia y de los hermanos; es por eso que humildemente recurrimos a la poderosa acción del arcángel San Miguel para que nos proteja y cuide en nosotros y en toda la Iglesia la pasión por la evangelización y nos haga libre de todas las ataduras del maligno.

Es mucha la pequeñez que experimentamos y también somos conocedores de nuestra inclinación al pecado, por eso necesitamos la ayuda poderosa del arcángel San Miguel, de los otros arcángeles Gabriel, Rafael y de los ángeles custodios para responder a la misión que se nos ha confiado.

«…Así dice el Señor: Voy a enviarte un Ángel por delante, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado. Respétalo y obedécelo. No te rebeles, porque lleva mi nombre y no perdonará tus rebeliones. Si lo obedeces fielmente y haces lo que yo te digo, tus enemigos serán mis enemigos, y tus adversarios serán mis adversarios. Mi Ángel irá por delante» (Éx. 23, 20-23)

Para Redemptoris Custos,  San Miguel Arcángel,  el ángel custodio y los demás  ángeles no son una devoción de la infancia superada con el paso de los años, son una vivencia  de la  fe que nos ayuda a tenerlos presentes todos los días de nuestra vida. Creemos que el demonio existe y que busca nuestra destrucción temporal y eterna, pero es más grande nuestra certeza del amor de Dios que pone los medios para que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tim. 2, 4) y desde ahí entendemos la presencia de los arcángeles Miguel, Gabriel, Rafael  y el ángel custodio. Creemos que somos custodiados, guardados y protegidos por ellos y a la vez creemos que su presencia nos ayuda en esta maravillosa misión de custodiar la vida de Dios en nosotros y en nuestros hermanos.

Siendo varias las apariciones del arcángel San Miguel a lo largo de la historia de la Iglesia, la más célebre es la que hizo en el monte Gárgano, llamado hoy Monte del Santo Ángel, en la provincia de Foggia- Italia. Invitamos a todos nuestros lectores a que la conozcan por medio de internet y si les es posible personalmente.

En Redemptoris Custos optamos por la imagen de San Miguel en el monte Gárgano para que nos acompañe en nuestro peregrinar; a él le pedimos por la Iglesia, por el Papa y por cada uno de nosotros.

Ponemos al final de este apartado la foto del Papa San Juan Pablo II orando en el monte Gárgano delante de San Miguel Arcángel, a ellos dos les pedimos la protección y ayuda para cumplir con la misión que se nos ha confiado.

Oración

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él todo su poder, es nuestra humilde súplica.
Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.
San Miguel protege a la Iglesia,  al Papa, a nuestro obispo,  a nuestras familias y a Redemptoris Custos. Amén.